El ultimátum de la Muestra Estatal de Teatro Tabasco 2018

August 23, 2018

Antes que nada, creo importante mencionar que tras la polémica generada en redes sociales por la filtración anticipada de una captura de pantalla que mostraba los resultados decidí no escribir nada hasta tener claro el panorama y una vez aclarado el asunto, vale la pena, entonces sí, hacer aclaraciones sobre el hecho dado y concluir la fase competitiva de la Muestra Estatal de Teatro 2018.

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 Lo bueno...

 

Fue una muestra llena de participantes. El grupo más grande tenía 15 personas participando y creo que era algo que tenía rato no veíamos porque, si recordamos, el año pasado fue realmente triste. Ni siquiera había cuota de género y la competencia entre actores era de 2 o 3, mientras que entre actrices era por mucho superior (digo, por aquello de que está en discusión la dichosa cuota de género). Esta vez, la gran mayoría de las obras presentaban un balance entre hombres y mujeres (entre cuerpo actoral y equipo técnico y creativo) y probablemente esté de más decir que  tuvimos 2 directoras de entre 9 propuestas y tres trabajos de dramaturgia tabasqueña.

 

La respuesta del público fue muy buena en todos los casos, aunque sí dada, debo decirlo, por mucha gente del gremio en su mayoría o familiares y amigos de los participantes y el jurado (que también es público). Algunas funciones con más y algunas funciones con menos. De igual forma es destacable la presencia del público infantil en las obras que proponían contenidos para ellos y que, en la mayoría de los casos, regalaban sonrisas generalizadas en la sala.

 

Finalmente, debo decir que, pese a la diferencias de criterios, ganaron quienes debieron ganar. Desde que inició la Muestra, causó gran expectativa lo que se pudiera mostrar con ¿Y después, y después, y después?, que ya había sido partícipe de festivales, giras y presentaciones en escuelas sin el acompañamiento institucional, así como desde el inicio destacó por mucho la participación de Gustavo Morales, quien no sólo anduvo en ese montaje sino en otros dos más. Por otro lado, constato que, como lo mencioné en su momento, el trabajo de Alondra Chí era lo rescatable del montaje de Morritz y el pequeño Mons, aunque debo decir que no era primera opción en mi lista, sin embargo creo que ante la opacidad del montaje, ella destacaba por su sencillez. Y finalmente, el polémico triunfo de Diana Peña Rendón como la mejor directora por Así es el amor que, si bien tampoco era la mejor de las obras (coincido con que pudo haber sido una obra de 15 minutos), también es cierto que en su momento señalé que lo más rescatable era, justamante, el trabajo de dirección.

 

Lo malo...

 

Algo que siempre he discutido de todas las muestras no es que el jurado venga de fuera (ese punto me parece bueno, pues se evitan favoritismos), pero sí el hecho de que vengan sin conocimiento de los contextos en los que se realiza nuestro teatro, en un Estado en el que el acceso a la cultura es cuestionable y donde, además, la profesionalización de las artes no llega siquiera al nivel de lo que está lográndose en los demás estados que conforman la Zona Sur (tan cerca de Veracruz, pero tan lejos de Xalapa). Sí creo que es importante, que si bien es responsabilidad de cada quien buscar la forma de mejorar profesionalmente, de entrenar mente, voz y cuerpo, no podemos, señalar que no se puede dar por hecho que tengamos los mismos estudios o las mismas capacitaciones y técnicas que los estados del Norte o del Centro, donde sus Muestras Estatales no sólo son kilométricas, sino que llevan un seguimiento crítico y un acompañamiento comunitario que incluye Congresos Estatales de Teatro o Espacios de Reflexión e Intercambio (aquí las jornadas preparatorias del Congreso Nacional de Teatro no tuvieron convocatoria, al parecer a pocos nos interesa pensar el teatro).

 

Pero probablemente lo peor de la muestra fue la polémica causada por los resultados, que me parecieron completamente manipulados para que nosotros pensáramos en la posibilidad de fraude. En este sentido creo que varios son los culpables, empezando, quizás, por la misma institución, quien nunca se ha preocupado por hacer públicas las actas de resultados en ninguna de las muestras anteriores y, después, del mismo gremio que jamás lo había exigido. Lo que me preocupa es que de este hecho sólo queda demostrada una cosa: nunca vamos a poder brillar como hacedores de teatro porque sólo nos encanta hablar antes de tener pruebas completas (por una captura de pantalla, mi maestra de periodismo ya me habría fusilado), nos encanta descalificar sin fundamentos el trabajo de los demás compañeros pero, quizás lo más grave, tampoco nos damos cuenta que descalificar los resultados también es, entonces, descalificar el trabajo de los otros que también se vieron beneficiados en las distintas categorías, incluso en segundos lugares.

 

El Instituto Estatal de Cultura tendrá que tomar cartas en el asunto para que la información oficial baje más rápido a los medios y evitar que la información se filtre. Habrá que pensar cuántas personas tienen acceso a estos documentos, cuestionar su fidelidad a la institución en la que labora y darle cuello.

 

La moraleja...

 

Espero con ansias la siguiente muestra para ver cómo trasciende. Evitaría mucho este tipo de chismes de mercado dejar de hacerla funcionar como entrega del Oscar (o mejor dicho del Tony) y ejecutarla como lo que verdaderamente es: una muestra.

 

La dedicatoria...

 

Agradezco infinitamente a las personas que me leyeron y a los que se acercaron a expresarme su empatía con lo que publiqué por estos espacios virtuales; de alguna forma me empujaron a no dejar de escribir. A quienes difirieron de mis opiniones (e intentaron hacer que parara), les agradezco también mucho porque hicieron que recordara que estoy haciendo exactamente lo que me gusta. Creer que todos vamos a aplaudir un trabajo u otro es creer que todos votamos por AMLO; la diversidad de opiniones nos hace una comunidad más fuerte. Quienes me conocen bien, saben que si me preguntan la opinión sobre su trabajo les voy a decir las cosas que no me gustan y también las que me gustan (en este caso nadie me preguntó, pero ¿qué no a eso nos exponemos cuando nos paramos en un escenario?) y en una profesión tan subjetiva, como lo es el teatro, al final la última palabra la tiene el público (y sí, también soy público).

 

Hasta un próximo encuentro.

 

 

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