Morritz y el diminuto Mons y de cómo cerró la Muestra Estatal de Teatro Tabasco 2018

August 17, 2018

Cerró anoche la etapa de obras participantes de la Muestra Estatal de Teatro 2018 con otro trabajo del grupo Mi vida en el arte que solían presentar sobre petate y que, con algunas modificaciones, hoy dieron función a niños, adultos y extraños. Por convocatoria, hoy por la tarde están todos los participantes convocados para una retroalimentación con los miembros del jurado, pero de eso ya hablaremos en otro momento. Ahora, vamos al desglose. 

Grupo: Mi Vida en el Arte

Obra: Morritz y el pequeño Mons

Autor: Maribel Carrasco

Dirección: Alex de la Cruz

 

Lo bueno....

 

Alondra Chi, en su rol de Morritz, nos regala una interpretación divertida en la que está de por medio la fe escénica que esta actriz logra hacer manifiesto en el escenario, muy a reserva de que el volumen de su voz no era el más fuerte de esta competencia. Sin embargo, su jocosidad, su alegría, su rostro inocente, aportó mucho a que la obra no cayera precipitadamente por la borda ante un público que se sintió bastante apático.

 

El vestuario diseñado para el pequeño Mons sí es como en las fotos, llamativo, atractivo, lleno de colores que pudieron haber llamado mucho la atención del personaje (probablemente yo le quitaría la cola, que parece puesta ahí por mero capricho) y en cuanto al balance de los colores en comparación con el vestuario de Morritz son adecuados, son correctos, y crean un balance armonioso entre estos dos personajes.

 

Lo malo....

 

¿Qué era lo que decía Mons? Que alguien me pase el libreto porque no logré escuchar en la cuarta fila casi nada de lo que decía. Por este detalle fue difícil poder seguir la historia que seguro escribió con mucha conciencia Maribel Carrasco, pero el problema con Cecilia Goque, que si bien interpreta varios personajes, no logra hacerse escuchar y tampoco caer en el cliché de 'así se le debe hablar a los niños, como si fueran Paulina de la Mora'. No se puede subestimar a los niños que, en su mundo, que es muy parecido al nuestro, ellos hablan con naturalidad, sin adornos innecesarios.

 

Por otro lado, una gran pregunta me brincó durante toda la obra: ¿cuál era la finalidad de las lonas blancas en el piso del escenario? No le vi más función que la de hacer de rebote de luz, porque al ser lisas, sin texturas, no aportaban a crear una atmósfera y, por demás, parecía acentuar una iluminación poco planeada.

 

Y en ese sentido, el de la luz, cambiaba intempestivamente como si no supiera (la luz) cuándo entrar o cuándo salir, al igual que el volumen de los efectos de sonido que muchas veces opacaban (aún más) la voz de las actrices.

 

Cierra bien, pero por alguna razón no logra conectar con el público infantil como lo hicieron Los sueños de Paco o De la música al escenario, donde se pudieron contar varios momentos. Aquí contamos cuatro y uno de ellos eran risas evidentes del público adulto.

 

La moraleja...

 

Habría que revisar las definiciones que Patrice Pavis (1998) da en su diccionario sobre el director de escena y el director de teatro y cuestionar qué es lo que tenemos acá... Que para mi gusto es el de un buen (aparentemente) director de teatro, mas no de escena (pp.134-135).

 

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